domingo, 11 de enero de 2015

EL HOMBRE QUE NUNCA NACIÓ

EL HOMBRE QUE NUNCA NACIÓ

Nunca se hizo nacer por que tenía miedo de salir del vientre de su madre, sin embargo existió aborreciendo a su madre y la vida.
Su vida fue siempre la de un feto. Su existencia de feto lo incomodaba tanto que renegaba siempre por todo. 
Más de una vez volaba patadas a las cosas bellas de la vida. Creyó vivir anónimo dentro de su prisión fetal, ignorando que sus pensamientos y su idea del mundo lo encadenaban al resto. Su vida fue la de alguien que creyó amar por que pedía y lloraba, su llanto y dolor eran como los berrinches de un niño malcriado. Se cría merecedor de las mejores condiciones y trato. Pedía a los demás el respeto que nunca se ganó. Su actitud de inmortal lo hacía sentirse importante y su seriedad ridículamente interesante, lamentablemente nunca supo que era sólo un ignorante más de su propia ignorancia y que ni si quiera a neófito llegaba. 
Le dio miedo asomarse al útero de la vida. Vivía tan atento a lo que pensaba que nunca percató que tenía un esquema mental hermético. Creyó siempre en el guardián de su miedo y orgullo. Luchó por su mundo imaginario, recibiendo las consecuencias de las inconsecuencias, entre lo que pensaba y lo que era. No paso de ser un feto. Pero un día el pobre miserable descubrió que su existencia había sido fantasmal. Había llegado al convencimiento que estaba solo y perdido. La membrana acuosa de la placenta se le había penetrado en la piel amarillenta y callosa. Había envejecido en el abandono total de casi todas sus facultades físicas. Era tarde para salir del útero, el huevo donde había permutado toda su vida, había cumplido ya su misión, pues ya no tenía la fuerza y la energía para ver por vez primera lo bello de la vida. Había descubierto no por obra de Dios sino por lastima de si mismo, que la vida , el amor, el éxito, el progreso y todo el conjunto de valores que había aceptado, como la manera en que su propio mundo tenía que operar  ya no tenían sentido. Todo se había hecho humo en la cabeza, ideas y pensamientos nada más. Paso sin percibir las flores, las estrellas, los ríos y montañas y sobre todo los bellos atardeceres de su tierra. Nunca vio la luz del sol, nunca se atrevió a salir del útero. Pasaron los días y los años mientras en su corazón se decía: - Mañana quizás salga al sol y salga caminar. Postergó una vida por un mañana inexistente y se negó el amor y el cariño y el único tiempo que tenía para tocar y sentir y que en cualquier caso fue breve para su corta existencia. Lo curioso de su muerte al expirar su último aliento, fue cuando se le oyó decir: - Morirme no fue mejor que vivir o nunca haber nacido y tampoco peor.



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