-¿Qué aura? Le pregunte. - La energía de mi esposa dijo, así puedo sentirme y estar más cerca de ella.
-No le entiendo don Daffa. ¿Su esposa está muerta, no? -- Lo sé me dijo. -¿Entonces qué quiere decirme usted con eso del aura?
- Que donde pongas tu atención allí estará tu corazón.
Me quede sorprendido por aquella respuesta de don Daffa. Ese día vaciló por un instante, se volvió a verme con una mirada silenciosa y sentí que se volcaba toda una vida de sentires en él.
De pronto un manotazo en la charola de su café me despabiló.
y dijo: -- Un día estaré con mi esposa. Quiero que mi hija Raquel sea la custodio de mis joyas y que las entierre en un lugar de esta casa.
-- Eso será muy difícil don Daffa.
-- No, ella lo hará.
-- Bien ojalá así sea don Daffa.
Una mañana como de costumbre, cuando llegue a la casa grande me encontré a Raquel llorando, decía que su padre había muerto, mirando las joyas. Le pregunte por ellas y ella dijo que su hermano Bruno, había manipulado el testamento, dejándola en la calle. Las joyas y la casa pasaron a ser propiedad de él y ella tuve que irse de la casa, ya que no tenía nada que hacer ahí,. lloró, me abrazó y dijo: -- Ahora no podré cuidar de la joyas de mi padre y cumplir su deseo.
-- No importa Raquel el mejor tesoro que alguien tiene de un ser amado es su memoria.
-- Pero mira me quedó el velo de mi madre y lo voy a dejar en el jardín de la casa. Conozco a mi hermano, en un hombre lleno de creencias y superstición.
-- Bien dije que bueno.
Una noche cuando la luna asomaba su cara roja y la niebla parecía brillar con la luz de la estrellas, un velo blanco parecía susurrar entre los arbustos del jardín. Bruno observaba y caminaba sobre los corredores, vio el velo, retrocedió, sintió que el viento lo empujaba como reclamándole algo que pertenecía a ese lugar.
Bruno sintió que lo agarraban de la mano, gritó, se puso pálido y se desmayo. Cuando su hermana llegó lo encontró con las joyas en las manos y el velo sobre él, extendió su brazo y dijo: toma las joyas que no quiero que me quemen ni me maten. Raquel tomo las joyas y se fue directo a donde el joyero del barrio y este le dijo que tenían un valor incalculable. Ella se sorprendió y dijo: ahora si disfrutaré de las piedras preciosas de mis padres y seré feliz.

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